Intuición y premisas de « Nuestra América » en unos apuntes de viaje de Martí

DOI : 10.35562/textures.116

p. 157-168

Plan

Texte

La doctrina martiana de Nuestra América quedó expuesta en su plenitud en los años 1889 y 1890, especialmente en el discurso “Madre América” (19 diciembre de 1889) y el ensayo conocido bajo el título de “Nuestra América” (enero de 1891). Pero no se trata de un pensamiento monolítico ni surgido cual un relámpago por esos años de madurez (Martí tiene 37 años de edad en 1890), sino del fruto de una elaboración intelectual generada al filo de sus vivencias del período iniciado en 1875, es decir a partir de sus viajes por territorios de la América continental. Por esta razón nos interesamos por un corpus poco estudiado, a saber el conjunto de sus apuntes de viajes de aquellos años.

Los viajes de 1875 a 1881

La “toma de conciencia latinoamericana” de José Martí (lo que fue hace tiempo una expresión acertada del profesor francés Noël Salomon) se inicia en sus experiencias de México y de Guatemala (1875-1878). Vamos a recordar primero algunos datos cronológicos y geográficos para ubicarnos cabalmente en los contextos y espacios martianos de ese período.

En enero de 1871, el joven Martí (que va a cumplir apenas 18 años) es deportado a España en el vapor Guipúzcoa y se queda en Madrid hasta mayo de 1873. Estudia en Zaragoza hasta octubre de 1874.

En noviembre de ese año, pasa por París, se embarca en Le Havre para Southampton y Liverpool. El 2 de enero viaja de Liverpool hacia Nueva York en el vapor Celtic. En enero del 1875, llega a Nueva York; y en el City of Mérida, viaja de Nueva York a México vía Cuba. El 4 de febrero hace una breve escala en el puerto yucateco de Progreso, y llega a Veracruz. De Veracruz se traslada en ferrocarril a Ciudad de México, donde permanecerá hasta el 29 de diciembre de 1876.

En enero del 1877, embarca en Veracruz para Cuba en el vapor Ebro: pero en febrero viaja en el vapor City of Havana para Guatemala. El 28 de febrero llega a Progreso, e inicia un viaje a bordo de una canoa, pasa por la isla de Jolbos (Holbox), por Contoy, e Isla de Mujeres. Después emprende el viaje hasta la capital de Guatemala en canoa y en mula. Permanece en Ciudad de Guatemala hasta agosto de 1878.

Sale para Honduras y se embarca en Trujillo para Cuba en el vapor Nueva Barcelona. Pero se queda en La Habana solamente hasta septiembre de 1879: efectivamente es detenido por la policía española (como se puede ver, la Paz del Zanjón no ha resuelto nada), y condenado a la deportación a Ceuta. Lo embarcan como preso: encarcelado en Santander, lo mandan a Madrid. Esta vez se quedará solamente dos meses y en diciembre se traslada clandestinamente a Francia. Sale para Nueva York donde llega en enero de 1880; un año después en enero del 1881, viaja a Venezuela: llega a la Guaira después de una escala en Curazao. En Caracas se queda hasta julio.

Martí realizó muchos viajes posteriormente, a través del territorio de los Estados Unidos, y sobre todo por todo el ámbito del Caribe en los años 90, hasta su último viaje por el Oriente cubano donde cae en combate el 19 de mayo del 95.

Martí viajó y permaneció en los países siguientes: Cuba, España, Francia, Estados Unidos, México, Guatemala, Venezuela, Santo Domingo, Haití, Jamaica, Costa Rica, Panamá: es decir que el viaje reviste una importancia crucial en su vida, con estatutos diversos, en calidad de ciudadano y estudiante (en Cuba), deportado (España), fugitivo clandestino (Francia), exilado y organizador revolucionario (Estados Unidos y Antillas), periodista (México, Venezuela), profesor (Guatemala), combatiente (Cuba). Nunca viajó por placer o paseo.

El corpus utilizado

Utilizamos la selección de textos publicada por la editorial Ayacucho1, y dentro de ella la sección de “Apuntes de viaje”, p. 263 a 297. Los primeros Apuntes se refieren aparentemente a sus viajes a México en 1875 y 1877, pero hay dudas por el contenido (reflexiones sobre la sociedad norteamericana que parecen más tardías)2; los que aparecen con el título de “México” parecen redactados durante el viaje en tren de Veracruz a Ciudad de México en 1875. Las notas tituladas “Jolbós” e “Isla de Mujeres” se refieren a su viaje de febrero de 1877 a Guatemala. Las notas “Isla de Mujeres” se refieren a esa isla que se encuentra frente a la costa noreste de Yucatán, municipio de Quintana Roo.

Después nos encontramos con los apuntes titulados “Curazao” que se refieren al viaje de Nueva York a Caracas en 1881, y por fin el relato “Un viaje a Venezuela” que es la versión española de un texto que Martí escribió en francés en 1881-1882 probablemente. Es una larga crónica crítica que retoma lo esencial de las notas sobre Curazao, incluyéndolas en una crónica mucho más amplia; es un texto organizado para ser publicado y redactado después de su regreso de Venezuela a Nueva York en agosto de 1881 (pero antes de febrero de 1882, porque alude a la futura Constitución suiza prevista para esa fecha).

Además existe un diario muy interesante acerca de su viaje a Guatemala: “Livingstone” y “Diario de Izabal a Zacapa” (marzo de 1877): pero esos textos están fuera de la selección analizada.

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Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

APUNTES y MÉXICO

Los primeros apuntes se abren por una vasta metáfora, imagen muy elaborada donde el hombre se compara con el mar y el mundo acuático. Arroyo, río, rocas, corales… y de lo general, pasamos a la proximidad, a la inmediatez del viajero: “aquí… sobre esta arena…” trayectoria que desemboca en el narrador y su presente vivido.

El tercer párrafo “Dejé en La Habana…” marca el regreso a la circunstancia (en este caso el año 1877), es decir el aquí y ahora del viajero, quien se presenta como testigo: “vi…”, durante su travesía de La Habana a Progreso: las referencias a su estado de ánimo revelan al joven emprendedor, combativo, con un estilo hugoliano (por ejemplo, esta imagen martiana; “miraba al cielo alto, que es mi manera de pintarme de rodillas”); nos da la imagen de un joven que adora al peligro, busca la tormenta, y disfruta particularmente la lucha del barco contra la potencia del mar… “Nunca sentí terror ante tan grandes luchas… adoraba aquel peligro…” Y se siente incapaz de pintar con el lenguaje humano “la epopeya de la Naturaleza”. Sin embargo, esos apuntes nos brindan, además de los datos autobiográficos ya mencionados, una descripción antológica del combate del barco contra la tormenta (recuerdo de un viaje anterior dos años antes en el vapor Celtic3):

Eran el mar y el buque como masas de espíritus inmensos, placíanse en el combate, y reposaban de sus golpes como generosos enemigos. Allá viene la negra montaña, ladeado el cráter, crecientes las faldas, jadeante y horrible, y hace cresta, se extiende, se yergue, ya se lanza rugiente sobre el buque. Y el gran Celtic se dilata, se encorva, se inclina al lado mismo de la ola con su borde poderoso – el hondo aceroso borde, abre sus brazos férreos como para ahogar mejor a la montaña, y se endereza y se sacude, vencedor gigante; conmueve la onda horrible y la echa fuera. Tal vez adolorido, calla el mar esta labor de abismo, y fatigado de la lucha, se estremece sobre su base colosal, como si se desatara el ruido de bronce de sus miembros. Ruge sordamente, como monarca perturbado; mas otra vez, en cambio, corre de su férrea cabeza a su ligero extremo onda apacible, y parece, al resplandor de la tiniebla, un león satisfecho que lame con su lengua el pelo de oro.

Vamos ahora directamente al cuerpo de los apuntes titulados “México”: Estos apuntes se presentan como un mero borrador, al cual Martí le agrega un esbozo de plan, lo que supone que pensó utilizarlos para una futura exposición oral o escrita.

Esas notas escritas en el tren que lo llevaba del puerto mexicano de Veracruz a la capital4 se singularizan por una serie de toques de color, un cromatismo impresionista que le sugiere el paisaje, técnica que es recurrente en el cuerpo de los apuntes. Ahora bien, en una carta a su amigo Manuel Mercado, escrita en la misma época5, Martí afirma: “Más que lo que veo, cuento lo que pienso”. Y esta declaración se encuentra perfectamente verificada en la crónica que analizamos: en efecto, si el texto se inicia con las descripciones cromáticas señaladas (por ejemplo: “en lo alto de la sombra de un cerro, un golpe de oro que verdea, que negrea, que amarillea de nuevo, que se entra por el bosque oscuro, corona del cerro inmediato”, que recuerda mediante la escritura la pintura de los impresionistas de esos mismos años5, viva, espejeante, buscando el reflejo por pinceladas que dividen los colores: hasta las sombras se convierten en colores, y estas notas del Martí de 1877 son unos verdaderos bocetos impresionistas por el paisaje mexicano que desfila ante las ventanas del tren, - sin embargo, al final aparece y se impone la reflexión, “¿Y quiénes son los dueños de la tierra? (Mas que lo que veo, lo que pienso)”, y los pensamientos se encadenan: lo que se ve, es que México crece; pero surge la pregunta: “¿y los peligros que le cercan?” Y la reflexión se desarrolla: sus vecinos crecen para la codicia. “¿Qué será la futura potencia a las puertas de México? ¡Abajo el cesarismo americano!” exclama Martí, quien afirma en un arranque lírico: “la mesa del mundo está en los Andes”. Este lirismo de tono romántico da lugar, genera una intuición, el rol histórico que deben asumir “las tierras de habla española” en América, lo que implica otra intuición definitoria que tomaría su forma culminante diez años más tarde: la intuición de su futura teoría de las dos Américas, la de habla española y la otra.

Con un tono enfático que es el de la gran oratoria, está ahora nombrando claramente al peligro antes aludido: por el Norte un vecino avieso se cuaja. México, afirma el joven cubano, tiene no solamente el deber de defenderse, sino que es “un deber continental”, lo que lleva a Martí a la metáfora de la madre (“cuyo hijo ve que un gusano le come a la madre las entrañas”). Metáfora que no pasa de ser en 1877 una gran metáfora de tradición hugoliana, pero con ella ya está presente el concepto de la “Madre América”, y de su hijo: “¡oye el clamor de un hijo tuyo, que no nació de ti!”.

Lo que está presente ya es la conciencia del joven cubano colonizado que se crece, se ensancha al continente, premisa doce años antes de su mayor expresión, de la conciencia de Madre América en la cual se siente ya perfectamente incluido.

CURAZAO

Después de unos apuntes dedicados a la Isla de Mujeres (1877), donde alternan observaciones muy detalladas (costumbrismo ilustrado) con comentarios filosóficos, y en que el viajero-narrador aparece poco en primera persona al principio, y al final en tercera persona (“el viajero”), llegamos al cuaderno de apuntes titulado Curazao (se refiere a su viaje de Nueva York a Venezuela en 1881).

Después de diez días de travesía, “diez días de cielo igual y mar igual”, es la llegada a la costa de la isla de Curazao, y el viajero lo mira todo “con ojos curiosos”. Este texto, bastante denso y elaborado, se abre con una descripción en perspectiva espacial, es decir que da cuenta de cómo se pasa de la visión de la pequeña ciudad desde la alta mar, en lontananza, con la ilusión óptica de una “casa de juguetes”, a la de la ciudad real vista y vivida por el viajero al desembarcar –al descubrir y tocar una realidad mucho menos poética.

Lo que predomina entonces es una serie de evocaciones de Curazao y de sus gentes, con rasgos muy negativos y comentarios francamente pesimistas6. El narrador a veces acude a una ironía sarcástica y cruel partiendo de referencias literarias europeas: las pastoras, “¿dónde están las pastoras?” Lo que ve son mulatas anémicas, negras informes, viejas harapientas,… es un cuadro poco ameno de lo sucio, pobre y feo, una evocación antiestética con conclusiones muy pesimistas: “raza degenerada”, “raza enferma”, hasta su idioma, su dialecto es a los oídos de Martí, “innoble y singular”, “mezcla incorrecta y bochornosa de castellano y neerlandés…, el papiamento”.

La evocación de calles y casas no es tampoco positiva: allí domina un color amarillo recurrente, pero estamos lejos del impresionismo fulgurante de México. Ese amarillo, Martí lo percibe no como el “noble bronce”, sino como un “terroso matiz” que connota según él unas condiciones de vida poco amenas y fructíferas: “descuidada infancia, ascendencia oblicua, mente desocupada, sedentaria vida”. Sigue entonces una larga serie descriptiva con anécdotas, retratos, etc. en la gran tradición costumbrista de la época.

Ahora bien, si hemos insistido en esa percepción profundamente negativa que da Martí de la ciudad insular, es porque le permite brindarnos unas conclusiones totalmente contrastadas con las impresiones anteriores.

Exclama: “¡Oh, mas cómo se agita ya, para mí que vengo de la ahogante nieve, el alma poderosa americana!” El “alma americana”, intuición que ya en 1881 se hace apremiante, se hace evidente, al llegar de la nieve de Nueva York! Ahora, lo ve todo distinto: donde hablaba de “terroso matiz”, él percibe ahora, “por entre esas paredes amarillas”, “este espíritu férvido y amante –que el amor, como en un cráter, hierve–, y ve a la población con ojos completamente diferentes –mujeres tiernas, niños brillantes, hombres heroicos y generosos…, y esa transfiguración se debe al “alma americana”7.

El viajero se olvida de sus primeras impresiones negativas, y tomando orgullosamente la palabra en primera persona, proclama: “abrí el alma a la noche, sobre el buque alumbrado por la noche, hinchado ya el pulmón de aire de América”. Así es como Curazao, en 1881, en una breve escala, a pesar de todas sus sombras y manchas, le aparece al “cubano sin patria”, como la puerta de su América.

VENEZUELA, la construcción de un concepto

Este texto es una verdadera crónica primero escrita por Martí en francés y traducida posteriormente al español. Por otra parte, el autor anuncia un índice sumario que revela su propósito de darles una forma a sus apuntes para publicarlos. Esos aspectos formales confirman que se trataba en este caso de un encargo para una o varias revistas.

Antes de aparecer como narrador-viajero, el autor se funde dentro de una comunidad y se expresa en su nombre acudiendo a la primera persona colectiva: “mientras atravesábamos… hay cerca de nosotros unos pueblos nacientes… que se trazan penosamente una vía en la historia humana” y una acusación directa hacia “los pecados de los españoles”. “La Biblia dijo la verdad: son los hijos quienes pagan los pecados de los padres: son las repúblicas de la América del Sur las que pagan los pecados de los españoles”.

Después de esta declaración general, sigue lo que en el arte de la oratoria se llama un introito, el cual constituye un cuadro crítico de las neo-repúblicas del continente en aquel año de 1881. En él podemos encontrar una serie de ideas que recuerdan las de Simón Bolívar en la Carta de Jamaica8. En cuanto al narrador, se puede decir que ahora el viajero desaparece detrás de los comentarios, los cuales ocupan el primer plano. Este largo introito nos aparece como un breve ensayo cuyas ideas claves podemos resumir a continuación:

  1. Esos pueblos (los “pueblos nacientes” mencionados anteriormente) son amenazados por males internos y externos: no han podido desarrollarse todavía;

  2. Los criollos tienen deberes: deben ser antes de todo los hombres de sus pueblos, es decir buscar su identidad propia;

  3. Las guerras de independencia les ha enseñado a morir para ser libres;

  4. Pero esas mismas guerras, cuando terminan, generan con frecuencia unos comportamientos peligrosos.

Cuatro ideas, cuatro ejes que son expresados aquí y se presentan como las premisas de la construcción del concepto y de la futura formulación política de Nuestra América, nueve años antes de su exposición en 1890. Ya están planteadas unas problemáticas esenciales como las etapas históricas del desarrollo de los pueblos, la ética del criollo que tiene derechos pero también deberes, exigencia martiana muy original, y el análisis crítico del siglo XIX latinoamericano, con sus males internos como el caudillismo y las guerras fratricidas, puntos que analizaría en Nuestra América.

Pero estamos en una crónica de viaje, y lógicamente reaparece el viajero, hablando en primera persona colectiva: “hemos tomado estos informes…”: es decir que reivindica su legitimidad de testigo que viene de las tierras de Bolívar, lo que para él representa las raíces. Ahora bien, no deja de practicar la descripción crítica: cuando escribe el viajero “llegamos de Venezuela…”, él se siente maravillado, y manifiesta dicho sentimiento por la tierra de Bolívar, pero al mismo tiempo brinda un cuadro muy crítico de la Venezuela que acaba de conocer, con sus odios internos, su pobreza, su casta dominadora, etc.

El viajero no se olvida de evocar la travesía y recuerda la que realizó primero para ir de Nueva York a Venezuela, con la salida de la bahía norteamericana, y la llegada después de ocho días a la vista de la isla de Curazao: sigue una descripción de Curazao, que se inspira ampliamente de los apuntes anteriores. Como en la primera versión predominan la tristeza y pobreza de la isla, concluyendo con una alusión a las potencias europeas que sueñan con apoderarse de Venezuela.

Martí tocó las costas venezolanas en Puerto Cabello: en su breve estancia en Puerto cabello, él dejó sus observaciones y lo describe como “pequeño, pobre y casi arruinado, pero lleno de gente trabajadora, como alegre jardín lleno de platanales, limoneros, naranjos… que parecía una cesta de flores que iba en busca de forasteros”.

Luego el viajero lleva a sus lectores a Caracas, entrando por el puerto de La Guaira. Esta segunda escala tuvo lugar el 21 de enero de 1881: dice que La Guaira “está construida de forma irregular a los pies de una gran montaña, accidentada, tortuosa, alegre…” Desde La Guaira, Martí tomó la diligencia a las 3 de la tarde, llegando a Caracas a las 6; era un viaje de 3 horas para ascender los mil metros de altura: según José Martí, “para ir a Caracas había que penetrar en el seno de esos colosos, costear abismos, cabalgar sobre sus cuestas, trepar los picos y saludar de cerca a la nubes. La carretera era una pista sobre precipicios…” Es el antiguo Camino de los Españoles, pero se sabe que al llegar a la capital, fue a rendir tributo directamente a Simón Bolívar (como lo contaría posteriormente en La Edad de Oro).

Y cuenta cómo se sube a Caracas (“la cuna del continente libre”) por el camino montañoso y pintoresco. Y cómo se llega a Caracas ante la estatua de Bolívar.9

El autor-viajero se convierte entonces en informador, periodista para exponer las potencialidades de Venezuela, especialmente la minería.

Pero ahora el viajero se extiende mucho más acerca de la tierra. Presenta la tierra como una madre, acudiendo a la imagen de la madre adormecida que está esperando al labrador: “Esa tierra es como una madre adormecida que ha dado a luz durante el sueño una cantidad enorme de hijos. Cuando el labrador la despierte, los hijos saldrán del seno materno robustos y crecidos, y el mundo se asombrará de la abundancia de los frutos. ¡Pero la madre duerme aún, con el seno inútilmente lleno!”

Es un canto a la tierra, que anuncia las imágenes futuras de la “Madre América”, metáfora que Martí llevaría al nivel de una realidad histórica y de una bandera para unir a los americanos. La metáfora martiana se inscribe en la vieja tradición de la cosmogonía indígena andina, la de la Pachamama, la Madre-Tierra de los quechuas y aymaras: en esa tradición, la Pachamama es la naturaleza en contacto permanente con el ser humano con quien puede interactuar; protege al hombre y le permite vivir, por lo cual los hombres deben cuidarla. En el texto del viajero-autor, Martí se apoya en la descripción del tipo del llanero venezolano (el gaucho de la Venezuela central, la región de los Llanos).

En contraste, partiendo del campo, él pasa a la sociedad urbana de la capital que caracteriza como un medio en el cual se ha establecido e impera una vida semipatriarcal, semiparisiense…” ya que en la ciudad todo es europeo. “Las comidas que en ella se sirven…, las sillas para sentarse, los trajes que se usan, los libros que se leen, todo es europeo”. Esto le da a Martí ocasión para esbozar ya su futura teoría de los modelos extranjeros, al denunciar “las soluciones extranjeras para problemas originales”.

“Allí se conocen admirablemente las interioridades de Víctor Hugo, los chistes de Proudhon, las hazañas de los Rougon-Macquart y Naná… En literatura, tienen delirio por los españoles y los franceses. Aunque nadie habla la lengua india del país, todo el mundo traduce a Gautier, conoce de memoria a Chateaubriand, a Quinet, a Lamartine. Resulta, pues, una inconformidad absoluta entre la educación de la clase dirigente y las necesidades reales y urgentes del pueblo que ha de ser dirigido.”

Y Martí desarrolla la crítica evocando sin tapujos la sociedad de Guzmán Blanco10: “lujo intelectual”, holgazanería, odio a los verdaderos talentos, aduladores pagados por el gobierno, clase intelectual desacreditada, “servilismo vergonzoso”. Los intelectuales “escriben para el gobierno que paga”, o “se ponen a los pies de los amos”. “Los jefes de renombre se rodean de los literatos en desgracia…” Es precisamente esa sociedad corrompida, la que Martí tuvo que dejar en julio del año 188111. Esa evocación de la Venezuela que conoció, donde trabajó durante varios meses pero cuya corrupción no pudo compartir, él la sintetizó perfectamente con una famosa fórmula antitética: “en la ciudad, París, en el campo, Persia”.

Consideraciones finales

El Martí periodista ha sido ampliamente estudiado porque constituye un corpus textual de gran envergadura producido en Venezuela y Estados Unidos durante más de diez años. Pero nos damos cuenta de que, al lado de sus textos periodísticos difundidos por todo el Continente, existe una producción mucho más íntima, con mayor subjetividad y autobiografismo (aunque estos elementos están presentes también en su poesía, su narrativa, y naturalmente su correspondencia): es el corpus de anotaciones dispersas y fragmentadas, que él dejó prácticamente sin ordenar. Es un espacio escrito de gran interés, que revela una cercanía inmediata con su práctica social, muy importante: incluye el registro de sus numerosas travesías, estancias breves y visitas a territorios de Latinoamérica, continental e insular: Caribe, Centro y Suramérica. Sin contar sus vivencias personales en los Estados Unidos: textos muy poco conocidos hasta ahora.

Son diarios y memorias, algunas crónicas, cartas y unos cuadernillos de apuntes con observaciones de camino, documentos a menudo inéditos en su época, y hasta inconclusos. Son textos destinados a veces a unos amigos, o a su uso personal, con vistas a redactar futuros artículos.

Una buena parte de esos apuntes son muestras de lo que se considera como “literatura de viajes”, lo que fue una literatura de diversión muy en boga en el siglo XIX. Pero en el caso de Martí, esa producción responde a otra preocupación: esos textos están vinculados a hechos cruciales de su vida. Y contribuyeron sin duda a enriquecer e interpretar la visión que él se iba formando acerca de su tiempo y de su espacio. En ellos descubrimos una visión original, acompañada de una reflexión que la precisa o le saca consecuencias. Muchos modernistas (a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX) intentaron por esta misma vía acceder al conocimiento y la descripción de las realidades americanas. Pero en Martí, el relato va adquiriendo poco a poco una característica diferente; de descriptivo, pasa a ser participativo, cuando el narrador abandona la distancia impersonal del autor extradiegético, evalúa, juzga, y termina introduciéndose como protagonista… Por fin, desarrolla un sentimiento de pertenencia en el que se reconoce una voluntad identitaria de alcance continental.

La literatura de viajes pudo ser escrita por autores que procedían de los espacios de creación literaria: Chateaubriand, Victor Hugo, Pérez Galdós, etc.; o también por personalidades científicas que se dedicaban a recoger informaciones para servir de fuente de estudio y trabajo a otras personas en el futuro (Darwin, Humboldt, el arqueólogo Le Plongeon, que Martí conoció en Yucatán…), o por viajeros ilustrados y acomodados que viajaban por razones puramente personales, por ocio (fue el caso de la Avellaneda con sus notas de viaje por España y Francia). Martí nunca viajó por ocio, lo hizo como emigrado, exilado, fugitivo, y por razones familiares y políticas. En estos casos, esa literatura “concilia los propósitos testimoniales y personales”. Es literatura de testimonio: da cuenta de la percepción que tiene el viajero de las costumbres de los lugares por donde viaja.

Martí seguramente escribió como viajero bajo la influencia de una personalidad como Humboldt y otros viajeros, es decir como “viajero ilustrado”, con perspectivas didácticas o periodísticas. Sobre la marcha, por los caminos americanos, él va reconociendo hasta qué punto la independencia había resultado ineficaz ante los problemas americanos, y que la modernización había sido un fenómeno muy limitado; esto lo ayudaría a elaborar su análisis crítico y su posicionamiento como futuro protagonista de la historia americana. Es decir que el narrador homodiegético de sus apuntes y textos de viajero, quien es siempre sujeto y parte de la historia, pasa de la inicial posición de testigo a la de protagonista a lo largo de los años 1880-90.

Además se produce una identificación creciente, conforme se va generando un sentido de pertenencia respecto al entorno: el uso de la primera persona del posesivo plural lo indica claramente: el “nosotros” del testigo colectivo de los primeros apuntes lo lleva naturalmente a “lo nuestro” de “Nuestra América”, denotando una filiación visceral en relación con el continente (hecho notable en un insular como Martí).

Sabemos que el concepto de “Nuestra América” como unidad, si no realizada, por lo menos como utopía y objetivo apremiante, constituye un signo permanente en sus textos de madurez (1889 y siguientes); pero parece que él utilizó ya esta expresión desde el año 1876 (es decir cuando se encuentra en México); y hemos visto que el concepto y su conciencia ya están presentes en muchos momentos de sus apuntes de viajes del período 1875-1881, como aparecía por ejemplo en La Revista Venezolana: “Quien dice Venezuela, dice América”, escribe José Martí en el prospecto de la Revista Venezolana el 1° de julio de 1881, una semana antes de la muerte de Cecilio Acosta. (Martí tendrá que salir de Venezuela poco tiempo después, el 28 de julio). La Revista Venezolana era para Martí un proyecto emancipador de dimensión continental.

La publicación en enero de 1890 de Nuestra América marcó el inicio de la acción revolucionaria, con la organización de la guerra de liberación de Cuba, el desembarco con Máximo Gómez en una playita de la costa oriental de Cuba en abril de 1895, los días de guerrilla con la redacción del Diario de Campaña, hasta el 19 de mayo en que cae en Dos Ríos bajo las balas de los soldados españoles. Hoy conserva su entera vigencia, que cada día se revela más para América y el resto del mundo.

Notes

1 José MARTÍ, NUESTRA AMÉRICA, Caracas, Editorial Ayacucho, 2005 (tercera edición), 1977 (1ra edición). 466 páginas. Retour au texte

2 Hay dudas acerca de la datación de esos Apuntes que suponemos escritos en 1875. Pero algunos investigadores evocan otra hipótesis: la de su último viaje a México en 1894. Retour au texte

3 El Celtic era un buque de 1872, mixto, es decir con vapor y velas todavía (4 mástiles). Pertenecía a la White Star Line, medía 137 metros y llevaba a unos mil pasajeros. Martí efectuó en el Celtic la travesía de Liverpool a Nueva York en 1874. Retour au texte

4 El ferrocarril de Veracruz a México fue inaugurado el 1 de diciembre de 1872 bajo la presidencia de Lerdo de Tejada. En su recorrido de 425 km cruza una serie de cadenas montañosas. 5 Carta de Martí a Manuel Mercado, Progreso, 28 de febrero de 1877. Retour au texte

5 Pensamos en la pintura de Monet, Renoir, Bazille, Pissarro, Degas, Sisley por los años 1870. Retour au texte

6 Curazao se encuentra a 50 km de las costas venezolanas y perteneció a las Antillas neerlandesas hasta 2010. La capital es Willemstadt. En 1863 fue abolida la esclavitud, y la isla conoció una crisis económica aguda con una emigración masiva a Cuba, en búsqueda de trabajo en las plantaciones de caña. Retour au texte

7 Cintio VITIER: « desde la experiencia mexicana, y sobre todo la guatemalteca, la concepción americana de Martí empieza a elaborarse; en México, lo que aparece sobre todo es el principio de originalidad autóctona »?. Y una revelación de esa originalidad (latinoamericana), como la expresión del ex abrupto, el surgimiento, el brote, la vehemencia, etc. Es lo que Vitier llama la “irrupción latinoamericana”. Vida y obra del apóstol José Martí, La Habana, CEM, 2011 ; Temas martianos (1969, 1982). Retour au texte

8 Simón BOLÍVAR, Carta de Jamaica, 1815. Retour au texte

9 Caracas era en aquel entonces una ciudad de 50 000 habitantes. Algunas fechas: 21 de marzo de 1881, Primer discurso de Martí en el Club de Comercio de Caracas; 1° de julio: primer número de la Revista Retour au texte

Venezolana (32 páginas todas escritas por él); 26 de julio: Carta de Martí al Director de la Opinión Nacional de Caracas; 10 de agosto: Martí llega a Nueva York; 20 de septiembre: primera crónica en la Opinión Nacional de Caracas. La estatua ecuestre de Bolívar fue inaugurada en 1874.

10 Se trata de la sociedad guzmancista, del Ilustre Americano. La autocracia guzmancista, represiva, con adulación excesiva hacia su figura, con eventos, celebraciones, adoración y construcción de monumentos consagrados al Ilustre Americano, todo organizado oficialmente. Guzmán Blanco gobernó primero durante el Septenio (1870-1877), el Quinquenio (1879-1884) y por fin durante el Bienio o Aclamación Nacional (1886-1888). Esa fue la sociedad que Martí no aceptó. Retour au texte

11 Sobre el balance de la estancia en Caracas y las circunstancias en que tuvo que dejar el país el 28 de julio de 1881, se puede consultar el reciente artículo del profesor venezolano Alberto RODRÍGUEZ CARUCCI, “Martí en Venezuela”, in la revista Bohemia, La Habana 25 de enero de 2013, año 105 n° 2, p. 14-16. Retour au texte

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Citer cet article

Référence papier

Jean Lamore, « Intuición y premisas de « Nuestra América » en unos apuntes de viaje de Martí », Textures, 21 | 2015, 157-168.

Référence électronique

Jean Lamore, « Intuición y premisas de « Nuestra América » en unos apuntes de viaje de Martí », Textures [En ligne], 21 | 2015, mis en ligne le 04 janvier 2023, consulté le 04 octobre 2026. URL : https://publications-prairial.fr/textures/index.php?id=116

Auteur

Jean Lamore

Université de Bordeaux-Montaigne – Amériber

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